• Miercoles, 17 Febrero 2021

Salvemos el resto del año; es hora de que ésto termine

//OPINIÓN//

Salimos de la tercera ola y lo hacemos con la mochila cargada. Cargada de fallecidos, de personas que han pasado por las UCIS y por los hospitales pero también cargada de desesperación por parte de los sectores que han visto sus verjas bajadas durante un mes; sin ingresos o con los mínimos que permitían las actividades esenciales. Salimos cansados, con la llamada ‘fatiga pandemia’ a niveles de la hormonas en plena adolescencia. Salimos con unos sanitarios agotados, con la atención primaria hecha unos zorros, con un esfuerzo enorme personal de los que han cumplido a rajatabla.

Y salimos con datos similares a los de noviembre y con la experiencia (ojalá) aprendida de que al menor descuido nos vemos en otra ola, con números otra vez que nos asfixian y de nuevo con una situación que obligue de nuevo a salir a las calles a los hosteleros y comerciantes a recordar su situación.

Salimos con ganas de vernos, con ganas de acudir a nuestras tiendas y nuestros bares, con ganas de abrir nuestros negocios, de volver a pensar en el menú del día, en el pincho del fin de semana, en la cerveza con esos que no hemos podido ver durante semanas. Salimos con ganas de hacer deporte, de teñirnos las canas, de poder pasar al pueblo de al lado sin tener que documentarlo con un papelito.

Y conviene remontarse a hace dos meses. El 17 de diciembre La Rioja marcaba el menor número de casos de este otoño-invierno que tan largo se nos está haciendo. En sólo dos meses y medio estaríamos otra vez en máximos históricos.  Pasaríamos de los 478 casos de ese día a los 3.150 que se registraron el 30 de enero. Por eso merece la pena recordar que no todo vale, que hay que ser escrupulosos con las medidas, que hay que cumplir con los aforos, que nos jugamos demasiado y que volverán a ser los mismos los que paguen los platos rotos. Que en abril no podemos estar otra vez en la misma situación como si ésto fuese el día de la marmota.

Las medidas están marcadas, los indicadores están encima de la mesa y una vez más vuelve a depender de nosotros. De que cumplamos, de que seamos responsables, de que intentemos que la historia de estos meses de enero y febrero no se vuelva a repetir.

Habrá ayudas para los que hayan tenido que cerrar. 12 millones de euros. 2.000 euros por negocio cerrado. Su cierre ha servido como cortafuegos para el alubión de contagios que se nos venía encima y ese esfuerzo colectivo debe ser recompensado. Se lo merecen. No tienen la culpa pero su cierre es parte de la solución. Por eso ahora hay que ser más exigentes si cabe con las medidas para poder seguir trabajando hasta que la vacunación vaya cogiendo ese ritmo de crucero que todos esperamos.

Porque nadie quiere volver a meterse en casa para no salir más, porque nadie quiere volver a tener que pedir por teléfono la compra, porque nadie quiere que las UCIS se sigan llenando ni que los sanitarios sigan vistiendo con EPIS a familiares para despedir a sus seres queridos, porque nadie quiere volver a ver a sus familiares a través de un móvil o desde la ventana, porque los hosteleros prefieren confeccionar menús que romper platos, porque las peluqueras quieren volver a pasar por ‘chapa y pintura’ a sus clientes, porque el pequeño comercio quiere seguir ofreciendo lo mejor de ellos mismos a sus clientes, porque los gimnasios necesitan dar salud y todos necesitamos hacer una vida un poco más normal.

Es hora de demostrar que es posible convivir con ésto sin que haya que tomar medidas drásticas que sí, miran por la salud, pero que sí, también, destrozan la economía. Cumplamos, disfrutemos de lo que se puede hacer y dejemos lo que no se puede para más adelante porque esa es la mejor forma de que lo que hemos pasado en el último mes sólo quede como un mal recuerdo. No salvemos más navidades, salvemos el resto del año.

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