• Lunes, 22 Julio 2019

Bici por la mañana, madera por la tarde

A sus 87 años, Guillermo Mateos es un auténtico todoterreno. Jubilado desde hace mas de 20 años no tiene ni un minuto libre. A las ocho de la mañana en invierno y a las siete en verano la primera labor del día, después de comprar el pan y hacer cuatro cosillas por la casa es coger su bici e irse hasta Río Livillos. Unos trece kilómetros al día, todos los días de la semana. “Bueno no, los jueves no porque salgo con un amigo a tomar algo y ver el mercado que también me gusta mucho”, dice.

En su recorrido diario va solo. “Así voy a mi aire, llego hasta la fuente, bebo un poco de agua, charlo con algunos de los que están por ahí y me vuelvo para casa”, cuenta.

La tarde la podría dedicar a ver la novela o estar en el sillón sentado… pero eso no va con él. En su bajera tiene su banco de trabajo y con un trozo de madera él es feliz. “Ahora mismo estoy haciendo una silla plegable”, nos cuenta mientras escucha la radio. Ha hecho un sin fin de cosas, “las que quieren los hijos se las llevan y si no se quedan por aquí”, dice.

Es increíble ver como se encuentra con la edad que tiene. “Mi padre era mucho más joven que yo cuando se murió y me parecía un viejo…”, dice.

Guillermo es extremeño. Trabajaba en una empresa de construcción cuando le mandaron desde Irún (donde estaba trabajando) a Calahorra para enseñarle a uno de los chavales que trabajaba aquí a utilizar una de las máquinas. Siete días, ocho como mucho, era lo que iba a pasar en la ciudad, ya lleva 56 años… y los que le quedan. “Después me dijeron que me quedase unos días más y llegó San Isidro y en el baile del Goya conocí a la que después sería mi mujer”, rememora Guillermo. “Ella es mucho más joven que yo, nos casamos en seguida”, nos cuenta mientras nos va enseñando las fotos de sus hijos y sus nietos.

“Después me mandaron a trabajar a Soria y querían trasladarme allí pero ya no quise me parecía como con menos vida que Calahorra aunque fuese un municipio más grande”, nos cuenta. Después trabajó en la SEAT hasta que se jubiló cuando la cerraron.

Pero Guillermo además tiene muchas aficiones una de ellas es coleccionar cosas. Su bajera está llenas de carteles de fiestas de Calahorra. “Los primeros son más bonitos, los que no me gustan los tengo más tapados”, dice.

Pero también colecciona monedas y calendarios de bolsillo. “Ahora es más difícil encontrar porque casi no se hacen, tengo algunos desde 1970”, dice mientras nos los enseña. La vista aún no le falla. “Me operaron de cataratas pero si hay buena luz aún puedo leer el periódico”, dice.

También conduce. “Por el pueblo y para bajar al campo, ahora me dan el carnet solo para un año, antes subía a Logroño con él pero ahora ya no, que es una locura aparcar por allí, con el 600 que tenía antes podía aparcar en cualquier sitio”, recuerda.

Otra de sus aficiones es hacer su propio vino. Me trae mi yerno vino y lo meto en una barrica que tengo aquí, mis hijos me hicieron una etiqueta propia y después de estar unos meses en barrica entonces nos lo bebemos”, comenta.

Mayores con aficiones y con ganas de seguir haciendo cosas, mayores que siguen con proyectos de futuro.

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