• Viernes, 01 Julio 2022

Calahorra; a la espera de cifrar los daños de la crecida

Es pronto para saber aún el número de hectáreas que se han visto dañadas en Calahorra por la crecida extraordinaria del Ebro, que en torno a las dos de la madrugada de este domingo tuvo su pico máximo en la ciudad. Un recorrido por la zona de la vega del Ebro hace sospechar que van a ser cuantiosas porque aunque las motas han resistido la embestida del río, en muchos casos el agua ha sobrepasado los caballones y las fincas más cercanas están totalmente anegadas. Las zonas inundables parecían aún a media mañana auténticos ríos.

El primer susto de la tarde de ayer llegó sobre las siete de la tarde, cuando la yasa de Cantarraya en Murillo reventaba. Teniendo en cuenta que los niveles entonces estaban muy por debajo de los máximos esperados todo apuntaba a que las defensas de Ebro no podrían aguantar y que se vivirían momentos similares a 2015 con la rotura del machón por dos zonas, pero finalmente los máximos no llegaron a las previsiones de la CHE y las motas resistieron.

Aún así la preocupación reina entre los agricultores de la zona. El principal problema que ve la mayoría es que nos encontramos a principios de diciembre. «Estas riadas son habituales a finales de febrero pero aún queda mucho invierno por delante y las motas han sufrido mucho», comentaba uno de ellos a primera hora de la mañana cuando revisaba sus fincas. Todo son daños. «Nos ha pillado con toda la hortaliza de invierno». «Coliflores, brócoli, incluso los frutales tiene una cantidad de agua muy importante», comenta otro mientras señala un campo de perales en el que sólo se ven las ramas más superiores.

A media mañana aún el agua del Ebro saltaba algunas zonas de la mota. «Creemos que ha venido más agua que en 2015 pero la labor que se hizo tras esa riada fue muy importante y por eso los daños van a ser menos que en esa ocasión», comenta Fernando Morales, técnico de la Comunidad de Regadíos de Calahorra.

Además la bajada de niveles está siendo muy lenta. «Subió muy lentamente y está bajando de la misma manera», confirma.

La presa de Enciso cumplió su labor

Esta vez el Cidacos no dio problemas. Habitualmente el Ebro se convierte en un muro que no permite que el agua del Cidacos desemboque en él y se desborda a ambas laderas del río. Esta vez no fue así gracias a la labor de la presa de Enciso. «La presa ha absorbido el 80% del caudal del Cidacos lo que ha impedido que se desborde en su desembocadura», explica Fernando Morales. Aún así el último puente sobre el Cidacos esta mañana aún mostraba una imagen inusual de la cantidad de agua que entraba desde el Ebro.

Ahora sólo queda esperar a que bajen los niveles y ver los daños que han sufrido casillas, fincas y cultivos.