• Miercoles, 19 Junio 2019

De Pradejón a Islandia

El pradejonero David Íñiguez vive en estos momentos en Reikiavik. El joven estudió Bellas Artes en Valencia y se fue con el programa Erasmus a Londres primero y a la capital islandesa, después. Allí este misma semana ha tenido una entrevista de trabajo ya que su intención en seguir viviendo en la isla al menos durante algún tiempo más.

Nos cuenta que es lo que más le gusta del país europeo. “Es un país muy seguro, muy tranquilo, hay que tener en cuenta que es un país que es prácticamente como La Rioja y por eso es fácil vivir aquí”, comenta este joven que reconoce que allí lo mejor son los sueldos. “La vida es cara pero es que los sueldos son muy buenos”, comenta.

Además en Islandia reconocen el arte y eso es quizás lo que le ha hecho a David decidir quedarse un poco más. “Hay una serie de fondos y becas muy interesantes para los artistas, existe un plan de empleo creativo que abarca muchas temáticas, pueden hacerse coreografías, documentales y te los financia el gobierno del país”, detalla explicando que el contacto con Estados Unidos hace que sean más arriesgados en ese aspecto, menos tradicionales.

A lo que se va acostumbrando poco a poco es al frío. “Ahora estamos en verano y estamos a unos 10 grados, en invierno lo normal es estar a 13 bajo cero”, cuenta mientras explica que lo complicado realmente es el tema de la luz. “Estos días es de noche como una hora al día y en invierno prácticamente no tenemos luz en todo el día. Resulta curioso irte a casa a las once de la noche y que aún el sol sea radiante”, comenta.

Aún así ha confirmado sus sospechas y es que Islandia es el país menos nórdico de todos. “La jornada laboral es de nueve de la mañana a cinco de la tarde, no hacen parada para comer, pero ya ves, tampoco madrugan mucho”, cuenta. Además no son nada puntuales ni pragmáticos y son muy relajados a la hora de trabajar pero la gente es realmente agradable a pesar de estar en una isla que parece que los podría hacer un poco más aislados que la gente que vivimos en el continente”, comenta.

El país se ha convertido en unos años en una potencia turística. “Tiene unos 300.000 habitantes y sin embargo al año recibe más de dos millones de turistas”, nos informa. Además es un paraje natural como pocos. “Una vez que sales de la ciudad puedes encontrarte cada cinco minutos una maravilla de la naturaleza: geisers, fiordos, cascadas, fallas… Cuando llegué por primera vez me daba la sensación de que había llegado a la luna”, bromea.

Lo que más echa de menos, además de a la familia y a los amigos, como es natura, es la comida. “El otro día entre en una tienda y vi chorizo y casi me muero de la ilusión”, nos contaba a la vez que reconoce que le gusta probar cosas nuevas. “Estos días he probado por ejemplo tocino de ballena en vinagre y la verdad es que me gustó bastante”, nos cuenta.

Ahora ha decidido quedarse a vivir durante más tiempo allí. “Quiero conocer a otros artistas y ahorrar algo de dinero”.

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