• Viernes, 13 Diciembre 2019

La condena del empate

Los partidos se ven siempre mejor desde el campo que desde la tele pero hoy no estábamos en el campo, aunque sí con la mirada puesta en la tele, en el twitter y en el ordenador. Así vimos el partido del CD Calahorra en Valladolid con un helado de medio kilo entre las manos, echando de menos a los compañeros y los chascarrillos que se cuecen en las salidas del equipo.

Salíamos al campo sin delantero en un 1-4-6 con Jorge de falso nueve que extrañaba a todos los que siguen habitualmente al conjunto rojillo. ¿Salir a no perder? Esa es la sensación de muchos aficionados calagurritanos. Pero quizás la jugada era la de sacar a Chaco y Joserramón en la segunda mitad y así dar un plus al equipo.

Ya lo habíamos hablado con algunos. El Calahorra tenía la oportunidad de que el Valladolid B no suele jugar en ese campo y por otro lado los 25 primeros minutos eran claves; el equipo de casa suele salir a una marcha más en los inicios del partido y había que controlar esa estampida como fuese.

En los primeros compases los rojillos se encontraban con un ‘regalo’ inesperado: la expulsión de uno de los jugadores vallisoletanos. En los últimos quince minutos de la primera parte llegaba el mejor juego de los calagurritanos que no se habían acercado a la meta contraria a pesar de la superioridad numérica. Todo se jugaba por la banda izquierda y la derecha parecía desaparecida, algo curioso cuando es esa la banda más correosa habitualmente en este equipo.

Con la entrada de Joserra (cuánto se ha echado de menos a este jugador) y Chaco parecía que las cosas podían cambiar, pero no. Llegaba el gol del delantero pero no el juego del Calahorra. Pérdidas constantes en el centro del campo (una vez más) y pocas ideas, casi ninguna para poder profundizar ante un equipo que en un momento u otro tenía que notar el cansancio de jugar con uno menos.

El equipo mantenía el resultado y todo parecía bueno a pesar del rácano juego cuando llegó la expulsión de Zabal. Nos aseguran desde el campo que el portero toca antes el balón. De ser así no hay expulsión que valga y el CD. Calahorra con las imagines debería recurrir esa tarjeta roja.

Se igualaba la contienda en número de jugadores pero el Valladolid empezaba a crear peligro e iba a por todas. No tenía nada que perder ya. En el minuto 90 se venía encima la marimorena. Mano de Cristian (rigurosa, es posible), expulsión (incomprensible de no ser que haya pasado algo entre el jugador y el arbitro) y penalti. Gol del Valladolid y un empate más. Y ya van nueve.

La condena del empate. Porque no perder puede venir bien en algunas ocasiones pero cuando son tantos los partidos empatados empiezas a pensar en la teoría del empate y es que los equipos que más empatan son los que peor lo pasan al final de temporada y el Calahorra es el equipo que más empata de todas las categorías nacionales. En las tres victorias del conjunto rojillo se han sacado los mismo puntos que en los nueve empates. 18 puntos que no está mal pero las sensaciones no son buenas y no lo son desde Leioa. Esa remontada del equipo vasco hizo mucha pupa en los jugadores. Un partido de sobresaliente que podía haber terminado 0-5 y que terminó 3-3.

Miguel Sola salía a rueda de prensa y achacaba la derrota a las decisiones arbitrales. Lleva razón: son dos jugadas muy muy rigurosas y es más que probable que la autocrítica la haga dentro, donde debe hacerse. Porque el Calahorra ayer empató por las decisiones arbitrales, pero no sólo por eso.

El empate no es malo si se gana el próximo domingo contra una Cultural que sigue escalando puestos y sin Zabal ni Cristian, seguramente el jugador más fiable en estos momentos para el Calahorra. Habrá que mirar posibilidades y sobretodo salir a buscar esa victoria que tanta falta le hace al equipo y al aficionado. El próximo domingo es un gran día para ganar.

 

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