• Sábado, 30 Mayo 2020

Los datos hay que saber interpretarlos

Ayer me escribía una persona por WhatsApp indignada porque Calahorra salía en rojo en el mapa que había plasmado el gobierno de La Rioja con los datos de los casos de COVID municipio a municipio. En mi día a día peco de calagurritanismo pero suelo intentar echarlo a un lado cuando estoy delante del ordenador. Me da igual reconocer que la UDL se merece subir directamente a Segunda aunque eso a cualquier otro rojillo pueda escocerle y reconozco delante de cualquiera los fallos de mi pueblo como si fuesen, a veces, los de mi enemigo.

Pero esta vez tuve que darle la razón. Ofrecer datos está bien (yo siempre he pensado que en una comunidad tan pequeña era innecesario, lo mismo me da que los muertos sean de Calahorra que de Tudelilla o de Santo Domingo) pero ponderarlos sin tener en cuenta otros factores que el número puro y duro es, cuanto menos, injusto.

Y es que para leer bien esos datos hay que tener en cuenta varios factores. El primero el número de población, por descontado por lo que lo interesante de estos datos es no ver los datos sino el porcentaje de población que se ha visto afectada por el COVID-19.

Además hay otros factores que afectan a que una población pueda tener más casos que otro. En el caso de Calahorra y Logroño hay que tener presente que cuentan con un hospital y que en muchos casos han sido sanitarios que trabajan y viven en estos municipios los contagiados por el virus.

Además, como es el caso probablemente de Autol, el municipio porcentualmente más afectado en Rioja Baja, también hay que tener en cuenta el hecho de que haya o no una residencia. Hay que recordar que las residencias han sido un foco importante de contagios y es posible que si en Autol se eliminasen los casos de su residencia la afectación no sería la misma por lo que es imposible que esos datos los tengan municipios de la misma población pero sin residencia a cargo.

Luego están los municipios chiquitines, un solo caso aislado en un municipio de 10 habitantes supone un 10% de la población afectada pero eso no termina de ser una realidad.

Y es que los datos, aunque a veces suene mal, también hay que cocinarlos, o por lo menos interpretarlos.

 

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