• Martes, 31 Enero 2023

Milagro en Nochevieja

El joven Juan Saenz Tomás salvó la vida de Antonio Antoñanzas la tarde de Nochevieja; el hombre había sufrido un infarto en el gimnasio del Polideportivo Juventud

 

Eran las doce y cuarto de la mañana cuando Juan, después de su jornada laboral de mañana, decidió quedarse un rato más en el gimnasio del Polideportivo. Estaba haciendo deporte cuando se dio cuenta de que algo raro pasaba. La persona que estaba con él en el gimnasio estaba en el suelo y no pintaba nada bien.

“Al principio no supe muy bien que le pasaba pero en seguida me di cuenta de que era un infarto”, dice el joven que al ser socorrista ha hecho diferentes cursos de maniobras RCP. Era sobre la una menos cuarto y estaban los dos solos así que empezó con las maniobras de reanimación.

“Intenté pedir ayuda pero sabía que era posible que no hubiese nadie por la zona”, recuerda. Estaba equivocado. En ese momento llegó la señora que limpia las instalaciones. “Le dije que pidiese ayuda por teléfono y llamó al 112 y apareció gente que debía estar jugando al pádel”, cuenta. A uno lo mandó a por el desfibrilador que hay en la portería de las instalaciones y el otro le ayudó con las maniobras. “Yo le hacía el masaje y él le insuflaba oxígeno”, explica.

Entonces llegó el bendito desfibrilador. “Es semiautomático y es muy fácil de usar, sólo tienes que seguir las instrucciones” detalla el joven al que le impactó la primera descarga. “Al final las prácticas las haces con muñecos y la reacción de una persona no es la misma”, cuenta. En cosa de diez minutos interminables para él llegó la ambulancia. “Lo estabilizaron y me tranquilizaron cuando me dijeron que estaba estable”.

Entonces se vino abajo. Juan sabe que sin su reacción probablemente Antonio no estaría a día de hoy en el San Pedro recuperándose pero no quiere medallas. “Esto tiene que servir para que todos nos concienciemos de la importancia de que haya desfibriladores, cuantos más, más posibilidades tendremos de salvar vidas”, dice.

También es partidario de que cualquiera, aunque no lo necesite para su trabajo, haga los cursillos. “Son ocho horas que pueden salvar vidas”, dice rotundo.

Mientras Antonio sigue en el San Pedro. El domingo recibió la visita de Juan al que no sabe cómo agradecerle lo que ha hecho por él. Bueno… ya lo ha decidido. “Ya se lo he agradecido en persona pero ahora quiero hacerlo con viandas; en cuanto salga de aquí le he prometido una comida en la bajera”, dice.

De momento tendrá que esperar unas semanas porque Antonio está a la espera de una posible operación si no es la semana que viene será la siguiente. De momento él fue el protagonista del milagro de la Nochevieja que se vivió en Calahorra gracias a un joven preparado y a un desfibrilador.