• Sábado, 26 Septiembre 2020

¡Qué inocente!

Fue el 10 de marzo cuando todo cambio. Al principio el tema me hacía hasta gracia, veía a los chinos hacer hospitales en una semana y pensaba: hace falta tener ganas de dar la nota. Recuerdo que cada día contaba los nuevos casos de fallecimientos por gripe para justificar los casos españoles de COVID-19. El mismo lunes 9 tuve un acto en el que compartí copa con mi compañero Javi Losantos y abrace y besé al galardonado director de la banda de música de Calahorra. Menos mal que no había entrado el bicho en nuestras vidas porque hubiésemos caído todos los que compartimos esa tarde vino y jamón.

La cosa cambió el día 11. La consejería de Salud mandaba a los chavales a casa y mi concepto sobre todo dio un giro radical. Fue un viaje de ida al que me costará darle la vuelta. Recuerdo que esos días había creado un grupo de WhatsApp con los más cercanos para informarles de todo lo que llegaba a mis manos sobre el virus. Me tuve que salir. La palabra menos dura era exagerada. Prohibí a mi gente relacionarse con otras personas y salí el jueves a repartir revista. Medio reparto aún está en el coche: llegando a Autol decidí que no podía ser transmisora del virus, que quizás lo había pasado (una semana antes había estado con fiebre y un terrible dolor en todo el cuerpo, como si me hubiesen pegado una paliza) que ya habría tiempo de repartirla la semana siguiente o dentro de quince días. ¡Qué inocente!

Y me metí en casa. No volví a salir hasta pasadas unas semanas. Días laborales de más de 15 horas: leyendo BOEs, contestando a todo el que podía tener alguna duda, recibiendo llamadas de teléfonos desconocidos que buscaban información, compartiendo decenas de whatsapps con alcaldes, concejales, policías, sanitarios, lectores… Aún recuerdo el de una señora mayor (quizás nunca sepa quien era). Fue el viernes siguiente a la declaración del estado de alarma. “¿Puedo bajar la basura?”. Aluciné, llevaba más de cinco días sin bajarla porque no tenía claro si podía hacerlo o no. También recuerdo de forma especial la de una persona del gobierno regional una tarde justo antes de la hora de los aplausos. “Esto es muy serio María, necesitamos que la gente sea consciente de que la situación es muy preocupante”. Me asustó, se lo reconocí semanas más tarde.

Me levantaba pronto para preparar la información del día. Muy pronto. Nunca había puesto un despertador a las cuatro de la mañana. Y con el silencio de la noche casi a punto de terminar todos los días salía a mi terraza y descargaba la tensión del día acumulado. Lloraba en silencio, era imposible evitarlo, un día tras otro, y fueron muchos… demasiados. Llamadas de amigos que habían perdido a sus padres, mensajes de enfermeras que te contaban que habían visto morir esa tarde a siete u ocho personas, que les dolía haber perdido la cuenta, no saber ni sus nombres…

Esos primeros días fueron una mezcla de dolor con cada nota con los fallecimientos, de preocupación por los sanitarios que nos llamaban para decir nos estamos quedando sin EPIS, con la frustración de familiares que querían saber más sobre lo que pasaba en las residencias donde estaban sus padres… pero también fueron días de esperanza. Estaba convencida de que todos saldríamos mejores personas de todo esto. ¡Qué inocente!

Desde los primeros días prometí no hacer crítica. No era el momento. Ni al gobierno, ni a la oposición. Bloqueé un par de contactos personales que me consumían demasiada energía que debía guardar para otras cosas. No me enfadé con ellos, sólo fue una forma de no invertir el tiempo en lo que no era importante en esos momentos. Callar nunca ha sido mi fuerte pero lo intenté con todas mis fuerzas y lo conseguí hasta ayer. Que Patxi López tenga que abroncar a sus señorías como si fuesen chavales preadolescentes sin ningún sentido de la responsabilidad es lo más vergonzante que he visto en mi vida. ¡Qué falta de sentido de Estado!

Estaba viendo en directo la comisión que se supone que va a estudiar lo que ha pasado y nos va a sacar de todo ésto y sentí una de las mayores vergüenzas ajenas que he sentido en mi vida de periodista. No, señores, ustedes son los primeros que no han entendido nada. Es verdad que tampoco muchos ciudadanos lo han entendido. Sí, esos que hacen fiestas de cumpleaños y provocan rebrotes o consiguen que toda una provincia no pase de fase por un repunte. O el que hoy ha viajado de Madrid a una isla contagiado por el virus. Pero es que se supone que ustedes deberían ser los que nos saquen de ésta, que para eso están ahí.

Puede que alguno piense que ésto es ponerse de perfil pero es que me da exactamente igual unos que otros. No es momento de tirarse a la cara palabras como fascistas, chavistas, terroristas y todo lo que termine en esos ‘istas’ de los que los ciudadanos estamos tan cansados. Es momento de arrimar el hombro para sacar al país de lo que nos viene encima. Los ciudadanos, en su gran mayoría ya han demostrado que estaban dispuestos a hacerlo: los que han tenido que luchar se han dejado la piel en sus puestos, los que han tenido que bajar sus verjas las han bajado, los que han trabajado sin cobrar lo han hecho y ustedes… Ustedes se siguen tirando mierda a la cara como hasta ese 10 de marzo, la diferencia es que ahora su mierda nos salpica a todos demasiado.

Se han hecho mal algunas cosas. Por supuesto. Quiero pensar que esos fallos han sido por la desmesura de lo que ha acontecido y no olvido la falta de EPIS en los hospitales, ni los cambios una y otra vez a la hora de contabilizar casos, no olvido esa partida de mascarillas de dudosa protección que llegaron a los hospitales riojanos ni que hubiese gente encerrada en su habitación sin saber si tenían o no la enfermedad porque los test en un principio solo eran para determinados casos graves. No olvido los cambios de criterio en la desescalada, ni la situación en la que se ponía muchas veces a la policía por falta de claridad en las normas. Pero tampoco olvido  los reproches día sí y día también, las noticias falsas que algunos aprovechaban para lanzar mierda al adversario político ni el hecho de que “de esta saldremos mejores personas” solo durase en mi mente semana y media. ¡Qué inocente!

Estudien con seriedad y rigor todo lo que ha pasado, depuren responsabilidades si hay que hacerlo pero no nos tomen por tontos ni intenten que el ruido que ustedes crean se amplifique en nuestras calles y en nuestras casas. No estamos dispuestos a sufrir más de lo que ha sufrido ya este país porque ustedes quieran ponernos en un bando o en otro. Si quieren reinventarse esas dos españas que tanto dolor han causado en nuestro país no cuenten con nosotros.

  • Paqui
    29 mayo, 2020 - 9:31 pm

    Gracias ,por ser la voz de mucha gente cansada ,de mucha gente con miedo
    Gracias,por secar las lagrimas ,no rendirte y seguir informandonos
    Gracias

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