• Jueves, 19 Septiembre 2019

Siempre da pena…

Siempre da pena recoger el pañuelo de fiestas. Uno sabe que tendrán que pasar otros seis meses para volver a enfundártelo. Da pena doblarlo aunque las piernas ya no aguanten ni un kilómetros más y la voz ya sólo sea un hilo resto de las conversaciones disfrutadas, las canciones desafinadas y los hielos del final del vaso apurados… Da pena recogerlo en el cajón aunque el resto del cuerpo esté para hibernar un invierno al estilo Juego de Tronos.
Han sido siete días vividos con intensidad, intentando estar en cada acto, en cada momento. Más de 400 historias de Instagram, alrededor de mil fotos, alguna entrada en Facebook (pedimos perdón a nuestros seguidores de esta red social pero la crispación de estas últimas semanas nos hizo decantarnos por Instagram) y miles de anécdotas que se quedan ya en la intrahistoria de este medio de comunicación.
Nos hemos mojado en el chupinazo, hemos gozado viendo las carrozas, hemos saltado con las charangas (Oliver y Benji será la canción charanguera por excelencia de nuestros adolescentes). Hemos quemado un cable del cargador, hemos tenido que tirar unas cuñas de esparto a la basura, hemos cargado la batería del móvil como una treintena de veces y hemos gastado 8 Gigas de datos.
 
Algunos se han indignado, se ha gritado viva San Emeterio y San Celedonio más que nunca y hemos alucinado con el final de los fuegos artificiales, hemos corrido el encierro en las calles Grande y Mártires pero también en el resto del recorrido y hemos bailado bajo la lluvia cual Gene Kelly con la Nuevo Talismán.
Hemos comido zapatillas y huevos rotos y caretas, paella, pochas, choricillo, chuletas (que para verduras ya están las Jornadas). Hemos reído, nos han besado, hemos bailado, nos hemos quemado con el Correfoc la blusa, hemos aplaudido las aventuras de Gorgorito y hemos montado a los nietos un millón de veces en su atracción favorita.
Hemos llegado tarde a casa, nos han reñido, hemos conocido a nuevas personas que seguro serán importantes en nuestra vida. Hemos echado de menos la del gato con Rosario, nos hemos manchado la blusa de zurracapote y nos hemos sentido orgullosos de que las cuatro máximas autoridades políticas en la procesión fuesen calagurritanos.
Unas fiestas más, unas fiestas menos, otras fiestas… Hoy es día de aspirador, más lavadoras, plancha y cama pero calagurritanos, recordar, ya queda menos para marzo.
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