• Lunes, 25 Marzo 2019

Sobre las cloacas romanas. Su pequeña historia.

Por José Luis Cinca Martínez

No hace mucho se presentó la idea ganadora del concurso convocado por el Ministerio de Fomento, para la intervención en el entorno de una parte de las cloacas romanas de Calahorra en la calle San Andrés. Para desarrollar dicha idea, bajo el nombre de impluvium, cuenta con una partida presupuestaria de los PGE cercana al millón de euros destinados a la urbanización de esos solares, mediante la construcción de una plaza y facilitando el acceso al tramo de cloaca romana que Amigos de la Historia de Calahorra abrió al público entre 1995 y 2002.

La pequeña historia sobre estas cloacas no comienza ahora, sino a finales de los años setenta (¡casi 40 años¡) cuando Amigos de la Historia de Calahorra interpretó esos restos como pertenecientes a la red de saneamiento de la ciudad romana, limpió de sedimentos un tramo de la cloaca y a lo largo de los años dio a conocer en diversos congresos de arqueología y publicaciones de carácter científico, los restos de esa espectacular obra de ingeniería romana que tenemos en Calahorra. Los materiales arqueológicos que se recuperaron de su interior se entregaron al Ayuntamiento de Calahorra a finales de los ochenta, alguno de los cuales están expuestos en el actual Museo de la Romanización, pero otros, como el entalle conocido por el “sello de Eneas” desapareció sin que nunca más se supiera de él.

En el verano del año 95, gracias a la total y desinteresada colaboración del propietario de la bodega por la cual se accedía a la cloaca, Amigos de la Historia de Calahorra convirtió aquellos restos en un santo y seña de la asociación, acondicionando el acceso y abriendo al público ese tramo por el que durante los siete años que permanecieron abiertas, pasaron miles de personas interesadas en conocer uno de los pocos restos que de la bimilenaria Calagurris era posible mostrar, y además sin costar un solo euro público porque nunca se solicitó subvención alguna.

Descubierto por parte del Ayuntamiento de Calahorra el potencial turístico y político de esos restos sin que tuvieran nada que ver y cuya gestión era llevada a cabo por una simple asociación cultural, llevó entre otras cuestiones, a que solicitaran la incoación como BIC, un expediente que salvo titulares rimbombantes de prensa (“Toda la red hidráulica romana será Bien de Interés Cultural”), nunca pasó del correspondiente cajón pero eso sí, consiguió que muy a pesar de los Amigos de la Historia se echara el cierre a aquellos restos, para no perjudicar al propietario de la bodega que había dado todo tipo de facilidades.

Ahora, diecisiete años después, hay un proyecto de recuperación urbanística de la zona y posibilidad –si alguna vez se lleva a cabo- de abrirlas nuevamente al público. Por encima de ese interés turístico, hay otro interés aún más importante, y no es otro sino el científico. Básicamente, lo prioritario para no empezar la casa por el tejado, como ocurrió con la chapuza del yacimiento de la Clínica, es la intervención arqueológica en el interior de la cloaca romana que permita seguir descubriendo su trazado y recuperar importantes restos materiales, para proceder a su limpieza y consolidación.

Desde hace cuarenta años un grupo de entusiastas “excavó”, publicó y dio a conocer los restos más importantes de Calagurris. Cuarenta años después, si algo hemos avanzado, la ciencia y la investigación debieran ser prioritarias en cualquier actuación que se haga en ese tramo de las cloacas romanas de Calagurris.

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