• Jueves, 22 Agosto 2019

Una vida dedicada a la educación

No hay nadie en Rincón de Soto que no conozca a Isabel Pascual, profesora en el colegio del municipio durante décadas. De padres trabajadores (carnicera y ganadero) especialmente él se empeñó en que su hija estudiase en una época en la que pocas mujeres tenían acceso a la educación.

Recuerda con facilidad su niñez cuando vigilaba mientras su madre y su tía lavaban la ropa en el río Alfaro para que nos las denunciasen y también su época de estudios. Estudió Bachillerato en el Quintiliano que entonces estaba cerca de la Catedral, recuerdo que iba con Javier Pagola, el antiguo alcalde de Calahorra y aún pasan por su mente el nombre de algunos profesores como Francisco La Justicia o Fernando Poyatos. Antes había ido a la escuela en Rincón de Soto. “Eso no me gustaba porque a las mujeres nos enseñaban a coser y a esas cosas”, dice.

Después pasó a Teresianas donde estudió Magisterio. “Me saqué las oposiciones, tres meses viviendo en el Hotel Asturias de Zaragoza para poder acceder a una plaza”, recuerda. No le tocó Rincón de Soto, donde ella quería ejercer, así que comenzó su labor educativa en Aguilar del Río Alhama. Pronto recalaría en su pueblo natal pero nunca dejaría de estudiar. “Hice a distancia Geografía e Historia y Matemáticas y ciencias, hasta tengo un título de guionista de cine que hice por correspondencia”, nos cuenta mientras tomamos la fresca en la entrada de su casa.

Profesora pero también “muy currante” aún recuerda que el mismo día de su boda, por la mañana tuvo que descargar tres furgonetas de productos de la huerta. “Terminé, me duché y me fui a la iglesia”, cuenta con total normalidad.

Por sus manos de maestra han pasado la mayoría de los chavales de Rincón de Soto. “Han sido muchos años de maestra, muchos cambios educativos, muchos chavales a los que he intentado ayudar de una forma u otra”, dice mientras nos cuenta como ha cambiado la educación. “Antes era algo muy vocaciones, ahora creo que algunos eligen ser maestros por las vacaciones y no puede ser porque si hay tres profesiones que deben ser vocacionales son la docencia, la sanidad y la religiosidad”, nos dice con ese tono de voz de maestra que aún no ha perdido.

Recuerda con tristeza los ochenta. “Fue una época muy mala en Rincón de Soto porque muchos alumnos cayeron por la droga, me acuerdo mucho de algunos de ellos, chavales tan majos que al final eligieron el camino malo… Cuando voy por el cementerio no quiero ni mirar porque creo que en mi lista personal, esa más trágica, hay más de veinte. Algún pájaro se encargó de meterles en ese mundo y a los que estábamos entonces en el colegio nos afecto mucho porque eran chavales muy jóvenes”, recuerda con una tristeza que le llega hasta el alma.

Isabel tiene 77 años, podría llevar más de una década jubilada pero no quiso. Dejó las clases hace ahora seis años. Aún recuerda su último día. “Había terminado en junio y me pidieron que fuese en septiembre a hacer el examen de recuperación, recuerdo que aprobé a todas’, dice. Al principio daba un poco de todo. “Luego implantamos la ESO y empecé a dar Geografía e Historia”. Ha pasado por todos los planes educativos. Y a pesar de la edad le costó jubilarse. “Cuesta hacerte a la idea de que ya no vas a ir al colegio”, dice.

Además no se perdía ningún viaje. “Nadie quería ir y a mi no me importaba. Lo hizo también con las Escuelas Viajeras. Recuerdo un viaje un chaval se me quedó dormido encima de la tumba del Emperador Carlos I.

Ahora dedica su tiempo libre a leer el periódico y a recibir el cariño de todos cuantos pasaron por tus manos. Se siente querida, no es para menos.

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