• Lunes, 25 Marzo 2019

Ver el fútbol desde la situación más complicada

Decía una actriz famosa que la coincidencia de inicial entre tu nombre y tu apellido le marca a uno para toda la vida. Son muchos: Brigitte Bardot, Claudia Cardinale, Marcelo Mastroianni, los cuatro fantásticos o Charles Chaplin. También son habituales en el mundo del fútbol: Zidedine Zinade, Didier Drogba o Víctor Valdés. Quizás eso marcó a Gonzálo Gómez de por vida. GG no eligió ser portero pero es uno de los mejores que han pasado por La Planilla.

“Recuerdo que tendría 4 o 5 años, estaba en las categorías inferiores del C.D. Logroñés que aún existía y un día faltó el portero y me pusieron debajo de los palos; el entrenador pensó que lo hice bien y ahí me quedé para siempre, pero si volviese a empezar en esto del fútbol… seguramente sería jugador de campo”, reconoce.

Es consciente de que su primera temporada en Segunda B no está siendo como esperaba. “Entiendes a la perfección que en esta categoría la portería necesita de regularidad pero el jugador es egoísta por naturaleza, quiere jugar y sentirse protagonista”, se sincera.

Además reconoce que lo pasa falta en el banquillo. “Es el peor sitio para ver el fútbol porque sabes que poco puedes hacer por tus compañeros” pero él lo hace con el buen humor que le caracteriza, sus nervios (nos cuentan) siempre se convierten en chanzas y bromas con sus compañeros.

Su temporada pasada fue para enmarcar pero recuerda como un día único el ascenso a la categoría de bronce. “La semana anterior habían ensayado los penalties y como a mi me gusta el balón y me siento muy cómodo con él, ensayé con los compañeros”, recuerda. Llegó el momento de tirarlos en Buñol y ante las circunstancias (una prórroga pesadísima con un calor asfixiante), Sola decidió que uno de ellos fuese para Gonzalo. Y vaya que si lo marcó, con la tranquilidad que tiene bajo los palos, no lo dudó y fue directo a la red.

Como casi todos los porteros del mundo, Gonzalo tiene sus ritos. Reza antes de que el balón se ponga en juego desde el centro del campo y cada vez que su equipo marca echa agua a sus guantes y toca el larguero. Además no olvida empinarse en la foto del once inicial, por costumbre, casi sin pensarlo.

Lo pillamos en uno de los lunes más tranquilos para la plantilla rojilla. Llegan de ganar en el último minuto en Merkatondoa. Todos respiran aliviados. “Hemos cambiado la maldita dinámica ya era hora de ganar un partido en los últimos minutos, creo que no lo habíamos hecho en toda la temporada”, dice.

Hay que seguir trabajando duro en las diez jornadas que quedan. Y Gonzalo lo hará desde su lugar, desde un lugar complicado, desde el banquillo o donde lo desee el míster. Todos los días lo hace, con la mejor de las sonrisas, trabajando duro y comprometido con el resto de sus compañeros, porque en un equipo todos suman, todos ganan, todos empatan, todos pierden, hasta los que juegan menos minutos, hasta los que, como Gonzalo, ven el partido desde la ubicación más complicada.

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